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Bearventura’17 -Microrrelatos 2-.

Después de la pasada tarde/noche épica y, una mas necesaria quizás, que merecida ducha, caí a plomo sobre la cama. Pocas energías me quedaban para entretenerme en hacerle ascos a un hostal fifty-fifty entre mediocre y barato. Mañana sería otro día y, me entregué a Morfeo con la certeza que me levantaría con mejor pie; al menos ya tenía claro que Buri despertaría en el garaje correcto.

Después de un café con leche proveniente de las mismísimas calderas del infierno y un pan convertido en dos tostadas con tomate, aceite y jamón ibérico; todo por el ajustado precio de 2 euros, cargué nuevamente a Buri y tomamos dirección Salamanca.
La idea era llegar sobre las 3 o 4 de la tarde. Esa ruta la planifiqué de tantas formas diferentes en el GPS, que ya tenía hecha la picha un lío de por donde me guiaría el aparato. El resultado final fue una etapa de carretera nacional muy tranquila, bonita y divertida, con pequeñísimos tramos de autopista intermedios y, uno final de mas kilómetros que me resultó un jodido tostón pero que en mis adentros agradecí por restar kilómetros en menos tiempo y llegar tal cual estimé al destino.

En Salamanca me hospedaría en la residencia, de un recinto militar, a la que tenia acceso por mi trabajo y, que previamente me habían concedido.
Si algo pretendía era que el viaje fuera cómodo pero económico. Había mirado camping y al final fue una idea que deseché. Está claro que le daría un toque mas campero al viaje pero a nadie le iba a importar y a mi me iba a destrozar dormir en el suelo, así que busqué la opción con colchón mas barata.

Avisé a mi amigo José Ángel de que ya estaba por su tierra. Otra ducha (esta vez sí, merecida) y me puse cómodo para salir de turisteo. José pasaría a buscarme en su coche así que Buri podría descansar. Él es ese ejemplo positivo de las redes sociales. Nos conocimos a través de Facebook y, consiguió que cambiara todos mis planes de ruta y me reorganizara para compartir el primer domingo de mi viaje con él y su grupo; Los Moteros Sin Prisa (MSP) o lo que es lo mismo, los Meseperos.
José se arrimó en el arcén y puso los 4 intermitentes. No le había preguntado qué coche tenía y, reconozco que mientras corría hasta el pensé en mi don inocente de liarla… – A que ahora voy y me subo en el coche de uno que simplemente paró a hablar por el móvil, ¿te imaginas?.. «atropellamecamión».-. Eché el ojo rápido y sí, era José, ¡bien! no cagarla hasta me alegraba.

Un hombre organizado; José tenia todo planificado para que disfrutara de cada lugar en su mejor momento, con la luz mas idílica. Cuando empezamos la ruta fotográfica en el embarcadero del río me llamó Koto, otro ciberamigo y motoaventurero; El venía desde el País Vasco y comenzaría su aventura al igual que yo el lunes, e hizo coincidir mi paso por esta ciudad con su visita y así también conocernos en persona. El fue mas valiente que yo y sus hoteles fueron todos camping, así que repetimos jugada y lo fuimos a buscar.

Con el equipo al completo comenzamos la ruta turística. Salamanca no deja indiferente a nadie y a todos enamora. Todo nos resultaba espectacular y con la luz del atardecer se magnificaba aún mas ese color dorado de la piedra de sus monumentos. ¿Y en la noche? En la noche además de tener un encanto muy especial comenzaba otra buena característica de esta ciudad: Las tapas.
Salamanca está entre las 5 ciudades españolas mas relevantes en cuanto a la costumbre del taperio.
Y muy apenado reconozco que me dejaron fuera de juego el Salmantino y el Vasco. Lo del primero lo entiendo porque tiene cuerpo para acoger unas cuantas raciones de tapas pero, ¿el vasco? ¡¿dónde coño metía Koto toda esa comida?! Da igual, el grande y el delgado me dejaron en ridículo y no pude con las últimas ¡dos raciones!, ¡la madre que los parió, que dos!.
A mi favor diré que debía estar algo deshidratado porque la cerveza si que me entraba…

Barriga llena, y vejiga también, era hora de recogerse y descansar. Al día siguiente sería la ruta mesepera y no se nos podían pegar las sábanas…

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  Me llamo Matías Herrera Pérez, nací en Santa Cruz de La Palma el 24 de abril de 1982. En el seno de una familia trabajadora; padre agricultor y madre ama de casa. Solo tengo una hermana y, yo soy el pequeño de la familia. Estudié, trabajé y oposité al Estado buscando una estabilidad laboral y económica que llegó con esfuerzo y sacrificio. Los primeros destinos laborales me llevaron por diferentes puntos de la geografía española como; San Pedro del Pinatar (Murcia) y Cella (Teruel). A los pocos años regresé a la isla que me vio nacer, pero lejos de ser feliz decidí  pedir un nuevo destino, hacer las maletas y, empezar una nueva vida. Ahora resido en la isla de Tenerife y, por fin me siento libre. Me apasiona capturar momentos, ya sea con el propio teléfono móvil o con mi cámara de fotos y, por supuesto viajar; Conocer nuevos lugares y rincones de este mundo, en moto o con mochila y, acompañado por mi mejor tándem, mi pareja.

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